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¡Hola! ¡Bienvenidos a mi tienda!

Quisiera aprovechar este espacio para presentarme y que conozcas mi historia. Soy Marina, para muchos, La Negra. Mamá y esposa dentro de un hermoso equipo que me apoya e inspira cada día; traductora por profesión, ama de casa por ocupación y, tras bambalinas, artesana por vocación. Detrás de Alma de Hilacha solo estamos yo y una firme voluntad de conectar con mi esencia, de hacer aquello que me nace y me colma, para luego poder compartirlo.

Hace años, cuando regresé a mi ciudad natal, ya con una familia, por fin pude adoptar esa vieja máquina Singer a pedal, que acumulaba polvo en mi espera. Y lo cierto es que, una vez en mi casa, también siguió deambulando de un rincón a otro, sin lugar ni función definida. Era hermosa y me unía a ella una historia familiar. Sólo eso. Ella me permitía conectar con un pasado mucho más imaginado que conocido; breve, pero suficiente a la vez. A través de algunos relatos, contados recuerdos y mucho afecto, permanecieron en mí la tía Mari y su máquina de coser.

"El tiempo pone las cosas en su lugar", dicen por ahí. Nunca más real. Lleva años crecer, hasta madurar y entender. Y otros tanto, hasta tomar coraje y soltar. De niña, mi madre me había enseñado del amor a la costura: ella también cosía por placer y me ayudó a dar mis primeras puntadas. Sin imaginar lo que parecía ser evidente, entre quehaceres domésticos y pañales, un día me descubrí sentada frente a la vieja Singer. Como quien aprende a andar en bicicleta de niño, sólo para volver a subirse 30 años después, ella despertó en mí aquello que estaba dormido: el placer de trabajar con mis manos. Yo le di mi tiempo, y ella me dio sus mejores puntadas. Del disfrute, a la formación y a la convicción, fue sólo un camino de ida. Hoy, elevada en el corazón de mi casa, la Singer finalmente encontró su lugar. Y yo también.

Así nació Alma de Hilacha.